Y libéranos del mal. Amén (O historia de la tentación que nunca llegó a serlo)

duma-148En 2007 llegué a Rumanía. Una vez decidido que Timisoara era la ciudad que más se adecuaba a mis intenciones di a conocer Via Rumania en España como consultora empresarial.  Los primeros proyectos en que trabajé, animados por las buenas perspectivas del sector, eran inmobiliarios. Fue el primer trimestre del 2008.

Para una sociedad promotora española busqué un terreno. A través de una agencia inmobiliaria encontramos, tras una larga búsqueda, lo que parecía óptimo. Fueron dos parcelas de unos 600 m2 cada una, juntas, en una zona “buena”, no muy alejada del centro y a un precio correcto, para lo que era el momento.  La intención del grupo era realizar una pequeña obra de viviendas, con apalancamiento bancario y tener el proceso acabado en 3 años. Es evidente que la crisis posterior dio al traste con estos planes ya que a mediados del 2008 los bancos rumanos dijeron que no había dinero (antes nos habían asegurado hasta 3.000.000 € con acuerdo sólo de la oficina). Todo se paró y así sigue, a la espera de algún pequeño cambio.

Pero no de esto quiero hablar, sino de algo que he visto hoy el la prensa y que me ha recordado aquellos primeros meses.

Esta mañana he leído la noticia de la condena a un empresario de Timisoara a 20 años de cárcel por fraude.  La foto me sonaba. Yo lo conocí.

Cuando compré los terrenos, pregunté a la dueña de la agencia intermediaria si me podía recomendar algún gabinete serio de arquitectos. Quería poder validar el proyecto (que prepararía un arquitecto español) a la normativa local y obtener todos los permisos necesarios. Evidentemente buscaba alguien que con quien hubiese colaborado, con quien tuviese buenas experiencias, …

La señora me propuso trabajar con ese señor, el mismo que ahora han condenado. Me dijo que era un hombre muy serio, que de hecho era pastor protestante (no recuerdo de qué iglesia) y que tenía un despacho con varios trabajadores desde el que desarrollaban proyectos en Timisoara y otra ciudad.

Con tan buenas referencias pedí una reunión y la señora nos acompañó. A mi y a uno de los socios de la empresa promotora. El despacho estaba situado en la última planta de un edificio de oficinas a la que había que subir a pie por carecer de ascensor. Nos recibió con otros dos señores, colaboradores suyos, todos de entre 35 y 45 años. Recuerdo el aspecto dejado del pastor. Vestía traje, pero desaliñado, el cuello abierto y la corbata suelta y de mal nudo. Quizá era una forma de querer transmitir “a mi no me importa el dinero, el reino que busco no es de este mundo”. La entrada de la oficina estaba presidida por un gran poster, la impresión a color de un enorme edificio de muchas plantas que según me comentaron estaban construyendo en esa otra ciudad, que iba a ser mitad viviendas mitad centro religioso. De primera entrada me pareció todo pintoresco, pero no juzgaba. Al fin y al cabo yo hacía poco que estaba en el país y ni siquiera entendía el idioma. Con ellos hablábamos en inglés, y eso les imponía también algunas limitaciones.

Pero inmediatamente algo me sorprendió. Les expuse el proyecto. Siendo la zona residencial, con una mayoría de casas de planta baja y 2 alturas, comentamos que queríamos eso mismo: un máximo de 3 niveles. Quizá subterráneo si se podía. Ahí es donde el pastor quiso mostrarme cuán equivocado estaba y me dijo que en ningún caso, que ahí haríamos una torre de entre 8 y 10 pisos de altura. “Pero estoy seguro que no se puede” dije “la normativa de la zona impone un máximo de 3 alturas”. “Ningún problema” me contestó ” con dinero la normativa se cambia”. “Pero no me interesa” insistí ” Ese es un barrio de casas y un edificio de 10 alturas rompería toda la armonía de la zona”. Y entonces los tres empezaron a reir. Me dijeron que no sé lo que digo, que estamos en Rumanía y que en Rumanía a nadie le importa la armonía en nada si se puede ganar dinero y que con un bloque de 10 alturas se gana mucho más dinero que con uno de 3. Claramente había algo ahí que no cuadraba. Independientemente de lo que (según él) hiciese todo el mundo en este país, yo no iba a promover un edificio que, por su ubicación, pudiese ir en contra de todo lo que considero que debe ser una ciudad:- un espacio armónico de cohabitación e integración de todos los ciudadanos, con respeto hacia cada uno de ellos y hacia el medio ambiente. Y por otro lado, ¿qué quería decir que con dinero se cambia la normativa? Ese, desde luego, no era mi juego. Y, ¿me estaba proponiendo un sacerdote corromper a alguien para cambiar la normativa?

Pensé que en cualquier caso acabarían haciendo el proyecto que yo pidiese. Por el momento no tenía otra opción a la vista, y al fin y al cabo me lo habían recomendado. Por suerte tampoco tenía prisa.

Vi a este señor una segunda vez. Le pedí que me enseñara algún proyecto levantado por su despacho en la ciudad. Nos llevó a ver una iglesia protestante. Nos dijo que la había hecho él. En la entrada lo saludaron de forma respetuosa. Nunca he sabido si es verdad que la construyó su equipo o es que oficiaba allí. Al regreso a sus oficinas nos hizo entrar en su despacho. Su escritorio, cubierto de papeles y con restos de comida tenía dos cosas que me llamaron mucho la atención: una Biblia y una máquina de contar billetes. Una al lado de la otra. De acuerdo, en la escuela aprendí que para los protestantes la salvación se puede intuir por lo bien que te vaya en este mundo, pero reconozco que la asociación tan directa de ambos conceptos me chocó.

Nos dijo que teníamos que firmar el contrato ya. Que él se ocuparía de gestionar toda la documentación para lo cual debíamos darle una entrada de dinero importante. El resto cuando tuviese la autorización de construcción, que sería en pocas semanas. Por otro lado, si teníamos otros promotores y le traíamos a él sus proyectos, nos daría un 10% de comisión. De este primer proyecto no podía, porque ya se lo había prometido a alguien…

Ante nuestro silencio de los siguientes días, me llamó: “When will you bring me the money?” (¿Cuándo me traerá el dinero?). Claramente nunca le llevé el dinero, ni lo volví a ver. Al cabo de poco me enteré por un extrabajador de esa empresa que lo habían detenido y encontré información sobre su arresto en internet. Llevaba años vendiendo pisos sobre planos que nunca construía, en la torre dibujada en el poster de la entrada. Estos días ha salido la sentencia, que aún puede recurrir: Debe devolver el millón defraudado a 100 familias, cada una había pagado 10.000 €, y 20 años de cárcel, de los que ha cumplido ya cuatro. Menciona el artículo que sus socios han sido condenados con él.

Veo en las fotos recientes que ha adelgazado y su aspecto ya no es desaliñado, parece incluso mejor vestido, al menos en la vista del juicio. Supongo que la Biblia y el cuentabilletes estarán con él en la celda, cada uno reconfortándolo, a su modo, en sus años de espera.

Dicho esto, tras 6 años en Timisoara, puedo asegurar que ni la normativa se cambia ni se compra a todo el mundo con dinero. Y no aconsejo a nadie que lo intente, por suerte la justicia anticorrupción aquí es bastante más dura que en España. Y sí, he visto que no soy ni mucho menos el único a quien le interesa la armonía en la ciudad. Por suerte cada día más Timisoara (y Rumanía) se acerca a lo que quiero que sea, aunque aún le quede mucho por hacer.

José Miguel Viñals

Cónsul Honorario de España en Timisoara

Director General Via Rumania

http://www.viarumania.com

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Un comentario

  1. Fray Sophonisbo de Meloussa · · Responder

    En cualquier taifa de lo que en tiempos fue España este paisano estaría disfrutando de las rentas de la pasta gansa conseguida en los buenos tiempos del ladrillo, con los bienes puestos a nombre de terceros ante la remota posibilidad de que se le cruce un juez competente por el camino. Claro que ello tampoco supondría ningún problema porque en la muy improbable situación de que dentro de veinticinco años se le imponga una leve sanción más allá de una amonestación verbal siempre habrá un tándem Rajoy-Gallardón que le indulte y ello no se suponga mayores incomodidades. Mientras tanto seguirá manteniendo buenas relaciones, adecuadamente engrasadas en lupanares, con concejales de urbanismo, consejeros de obras públicas y secretarios de organización de partidos variados a fin de explotar nuevos horizontes empresariales, adecuadamente subvencionados e incentivados por supuesto. Unos reaccionarios, estos rumanos. Mira que dedicarse a meter a chorizos en la trena … Menos mal que en España hemos superado desde hace tiempo ese paradigma franquista y ahora lo que hacemos es soltarlos a la calle …

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