EL APOYO CONSULTOR A LA ENTRADA DE LA INVERSION EXTRANJERA EN RUMANIA

ImageLa entrada en Rumanía del inversor extranjero, sobre todo la de aquel que desee constituir un negocio a largo plazo (por ejemplo una unidad productiva), implica reconocer de entrada un hecho claro: Es otro país. Es decir, no sólo tiene otro idioma sino también otras leyes y costumbres.

Esto, aunque parezca una obviedad, no lo es tanto a la vista de la experiencia que acumulamos. Y sé que no es sólo en nuestro caso en VIA RUMANIA, sino que es algo que se repite en las demás empresas de consultoría especializada en clientes españoles. Tuve la oportunidad de comprobarlo a semana pasada, cuando nos reunimos los representantes de varias consultoras españolas en Bucarest. Todos tenemos que recordar  al cliente, muy a menudo al inicio de las relaciones y esporádicamente después, que Rumanía no es España.

Claro está que no siempre es así. Aquellas empresas que ya son multinacionales y que desean abrir una filial más en Rumanía disponen por lo general de personal con experiencia en la internacionalización y saben de entrada que deben hacer un esfuerzo interno en adaptar sus hábitos a la legislación del nuevo país. En cambio, aquellas que por primera vez se internacionalizan tienden a preferir que la legislación del país se adapte a sus costumbres. Esto debe ser bastante difícil; aún no he conocido a ninguna que lo haya conseguido.

Por tanto el comentario tan oído “en España no lo hacemos así y por tanto no quiero hacerlo” tiene pocas posibilidades de triunfar cuando el consultor (contable, experto de RRHH, fiscalista,…) es serio. Si en cambio ese experto le dice al inversor “Si señor, no se preocupe, si usted no quiere hacer contabilidad de gestión (por ejemplo) en su producción no pasa nada”…. Bueno, yo me preocuparía.

Reconozco que las empresas de consultoría españolas tenemos una dificultad añadida: hablamos español. El cliente se siente por tanto en casa y cae en un espejismo geográfico. Aunque esté nevando fuera y estemos a -20º, imagina estar en la oficina de su gestor ibérico. Ya dice la Biblia que al principio fue el Verbo y no el Boletín Oficial del Estado Rumano.  Pero el verbo es versátil y acomodaticio, y tener esa capacidad de comunicar convierte una aparente ventaja en un inconveniente. Es un problema que no afrontan, o al menos no tanto, en empresas donde no hablan español y se deben entender en un tercer idioma – a veces poco conocido –  o a través de un intérprete que poco sabe de traducir ciertos temas técnicos. La facilidad de comunicación en español conlleva la insistencia, a veces extenuante y contra toda lógica, de querer que en Rumanía se use el Plan General Contable o pagar a 120 días. En cambio, en caso de no poderse entender, esas dificultades en la discusión hacen que al final el cliente acepte lo que le dicen, simplemente por no poder discutir más.

Hay otra dificultad: las empresas de consultoría españolas conocemos por lo general la legislación española  y entendemos lo que el cliente dice cuando se refiere a una práctica hispana. Por tanto el cliente preguntará una y otra vez “¿qué lo entiendes? ¿Verdad que es lógico? Pues eso es lo que hay que hacer” y una y otra vez hay que decirle que sí, que lo entiendes y que es muy lógico, sobre todo si la empresa está registrada en cualquier población de España, pero que no puede hacer  eso, por muy lógico que le parezca, aquí.  Porque ni a las autoridades rumanas ni a una eventual inspección le van a importar lo más mínimo lo que se hace en otro país.

Puede aflorar un factor adicional: un cierto sentido de superioridad. No siempre. Por suerte. Pero sucede que el empresario piense que en un país económicamente menos desarrollado que España debe poder imponer él sus usos y costumbres. Luego también hay casos en los que creen que una posible multa en inspección se resuelve con unos dinerillos al inspector de turno. Obviamente no están al corriente de las campañas anti corrupción que hay en todas las administraciones públicas y de las numerosas personas de todo rango, así como empresarios, incriminados en los últimos tiempos por aceptar u ofrecer sobornos.

Hay que reconocer que una parte de la culpa de tener esta mentalidad, sólo una parte, es de los “asesores” rumanos de muchos de estos españoles recién llegados. Por lo general conocidos del empresario en España y que de pronto se ven recompensados con la confianza del jefe por el gran mérito de saber español. Más interesados en que les vaya bien a ellos que no que le vaya bien al jefe, le enseñarán pronto la frase mágica: “Se rezolva”. Es decir, no te preocupes, hagas lo que hagas encontraremos la solución para que no pagues la multa y no tengas mayores problemas, por tanto, haz lo que quieras (trabajadores en negro, contabilidades incompletas, ninguna atención con la regulación de medio ambiente,…). Quizá se resuelve para ellos, que no asumirán multas ni responsabilidades, pero no tan fácilmente para el administrador de la empresa que será el pleno responsable legal. Y digo que ellos tienen sólo una parte de la culpa porque en verdad la responsabilidad mayor es de quien les cree y prefiere hacer lo que le digan esas personas con tal de no pagar una consultoría externa

Porque eso es parte del problema: No querer pagar servicios de consultoría, ni dar ningún valor a lo que a los consultores nos ha costado tantos años saber. Y no sólo estudio, también experiencia. Para algunos, los servicios no se ven, y por tanto no se han de pagar.

Hay en cualquier caso una diferencia entre los inversores según origen: españoles e italianos nos movemos por lo general con los mismos patrones mentales y queremos que las cosas se adapten a nuestro gusto. Alemanes, holandeses, daneses o americanos por citar algunos de los representantes habituales del otro grupo, no acostumbran a tener ningún problema en adaptarse  a la legislación local. Entienden mejor lo que es la internacionalización y que lo mejor cuando llegas a un sitio es disponer de buenos profesionales que te orienten sobre lo que has de hacer, sin perder el tiempo discutiendo sobre el sexo de los ángeles y concentrándose en la producción empresarial.

A medida que la empresa española se establezca en el exterior esta situación, normal por otro punto, irá cambiando. Por suerte los consultores seguiremos estando ahí para quien aprecie nuestra aportación.

José Miguel Viñals

Cónsul Honorario de España en Timisoara

http://www.viarumania.com

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